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Los recuerdos que pueden ser olvidados no existen

1 junio 2011 Deja un comentario

Rubio, mitad japonés mitad alemán, adolescente de quince años, alegre, extrovertido. Cualidades todas ellas presentes en uno de los personajes más entrañables del manga Fruits Basket. Momiji Sohma.

Los recuerdos que pueden ser olvidados no existen

Su nombre forma parte del mes de Septiembre en Japón, Momijitsuki. Septiembre, mes otoñal. La caída de las hojas, la lluvia intermitente y constante; los dorados abandonan el universo para ser sustituidos por los caobas y ocres. Melancólica alegría. Ese es el carácter de este joven muchacho, aparentemente despreocupado, jovial, de apariencia y superficial comportamiento infantil.

El ángel guardian de la inocente Tohru, su ayuda y uno de los amigos más incondicionales; amistad declarada por el propio Momiji como amor. Un amor sincero y limpio; un amor nacido de una imperante necesidad de cariño materno que poco a poco, capítulo a capítulo, se torna en algo menos ingenuo, si es que ingenuidad se le puede aplicar a este maduro adolescente enamorado de la música, y de una alegría contagiosa.

Desde los primeros capítulos en los que aparece este nuevo miembro de los Sohma, una familia acomodada de una ciudad imaginaria del Japón del siglo XX, con un oscuro secreto,  resulta evidente la gran complicidad que ha de existir y existirá entre Tohru y Momiji. Su dulzura sólo es comparable con la melancolía que desprende su voz al hablar de la familia. A menudo la alegría constante, la sonrisa permanente, los ojos ocultan una dolorosa tristeza.

La historia de Momiji es una de las más tristes ideadas por Natsuki Takaya. Ser uno de los doce signos del zodiaco chino hace que cualquiera de los afectados por esta maldición, al ser abrazados por otra persona de sexo contrario, se transforme en un animal. El primer abrazo de una madre, y entonces, ese precioso bebé se convierte en un conejo. El primer rechazo, el más categórico, rechazo que aumentará día a día y que sumirá a la dolorida madre en una profunda depresión. Una única solución; una petición excesiva para un niño. Olvidar. El más absoluto y doloroso olvido.

Ahora su madre cree que su hijo, Momiji, es el vástago de otro miembro de los Sohma. Mientras, Momiji cuida de ella y de su hermana menor, Momo (una tímida niña que adora a su hermano sin saber que es su hermano, que le admira y le quiere),  desde la lejanía y la soledad de la sombría sombra de los Sohma.

La música, su violín, supone para este adulto conejo una vía de escape hacia un mundo de ensueño en el que las desgarradoras notas de este instrumento de cuerda hacen feliz a una familia a la que sólo puede observar desde fuera.

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Categorías:Letras, Manga, Novela Gráfica
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